La indiferencia a la vida y a la muerte es síntoma de un profundo vacío, el decir: “Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé”, sin inmutarse, parece propio de un ser sin escrúpulos, sin embargo, es un reflejo latente de la decadencia y del destino absurdo del ser humano. Lo cual se refleja en El extranjero, del escritor y filósofo francés, Albert Camus.

El extranjero se publicó en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, y es considerada una de las obras más logradas de la literatura universal, y la primera novela de Camus (1913-1960), quien recibió el Premio Nobel de Literatura en 1957, e inicia cuando Meursault recibe la noticia de la muerte de su madre.
En el velorio, el lector percibe el distanciamiento que tiene este personaje tiene consigo mismo. Más adelante, al ocurrir un asesinato, lo absurdo de la indiferencia hacia el acto provoca un repudio moral hacía el protagonista, quien considera el asesinato como una forma natural de muerte en la condición humana.
El extranjero se publicó en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, y es considerada una de las obras más logradas de la literatura universal, y la primera novela de Camus (1913-1960), quien recibió el Premio Nobel de Literatura en 1957, e inicia cuando Meursault recibe la noticia de la muerte de su madre.
En el velorio, el lector percibe el distanciamiento que tiene este personaje tiene consigo mismo. Más adelante, al ocurrir un asesinato, lo absurdo de la indiferencia hacia el acto provoca un repudio moral hacía el protagonista, quien considera el asesinato como una forma natural de muerte en la condición humana.
Meursault es un personaje cargado de tremenda nostalgia y soledad, donde la incomunicación con las personas y consigo mismo es también uno de los puntos centrales. Él desea, de alguna forma, comunicarse emocionalmente con quienes ama pero no sabe cómo hacerlo, le cuesta distinguir sus sentimientos, incluso, propone el autor, que no sabe sentir; en la actualidad esta crítica se convierte en una constante acertada entre las personas.
Los personajes de Camus se resignan al paso del tiempo y a la llegada de la muerte. Por ejemplo, en el funeral, a Meursault al mirar a los ancianos le “llamaba la atención no ver los ojos en los rostros, sino solamente un resplandor sin brillo en medio de un nido de arrugas” y le “resultaba penoso el silencio de todas esas gentes”. Tal vez, lo que veía era su propia muerte y la aceptaba de la misma forma en que los ancianos inmutables lo hacían ante el cadáver.
La sinceridad es otra característica que distingue a Meursault, incluso, es interpretada como cinismo. Ante ello, Camus expresó: “en nuestra sociedad todo aquel que no llora en el entierro de su madre toma el riesgo de ser condenado a muerte”. El personaje se condenó por no seguir el juego social, según Camus, simplemente se rehusó a mentir.
Camus consideraba que el absurdo es parte de la vida y que se debe aceptar para poder continuar viviendo. La inacción que presenta Meursault es una forma de resistencia, de preparación para lo que viene. Este pensar le valió el distanciamiento con uno de sus más cercanos amigos: Jean Paul Sartre, a quien también se le otorgó el Premio Nobel de Literatura, sin embargo, lo rechazó por considerarlo contra su ideología.
Además, dice, el absurdo es un vacío, un vértigo donde el ser humano cae. En El extranjero se refleja cuando Meursault es hecho preso. Él no espera nada y tampoco hace nada para remediarlo, se limita a recibir su sentencia, misma que no le interesa en absoluto. Parecería una resignación, pero en el fondo es filosofía camusiana, aceptar las circunstancias para continuar. La aceptación, dice Camus, no es un fin, sino un principio, pero más un intermedio.
El extranjero es una obra que estremece por su sinceridad. Adentrarse a estas páginas es conocer un interesante punto de vista sobre la decadencia existencial que atraviesa la humanidad de aquel entonces; sin embargo, también es la incapacidad del actual ser humano de no distinguir sus emociones.
---- De la redacción, Apóstrofe.
Los personajes de Camus se resignan al paso del tiempo y a la llegada de la muerte. Por ejemplo, en el funeral, a Meursault al mirar a los ancianos le “llamaba la atención no ver los ojos en los rostros, sino solamente un resplandor sin brillo en medio de un nido de arrugas” y le “resultaba penoso el silencio de todas esas gentes”. Tal vez, lo que veía era su propia muerte y la aceptaba de la misma forma en que los ancianos inmutables lo hacían ante el cadáver.
La sinceridad es otra característica que distingue a Meursault, incluso, es interpretada como cinismo. Ante ello, Camus expresó: “en nuestra sociedad todo aquel que no llora en el entierro de su madre toma el riesgo de ser condenado a muerte”. El personaje se condenó por no seguir el juego social, según Camus, simplemente se rehusó a mentir.
Camus consideraba que el absurdo es parte de la vida y que se debe aceptar para poder continuar viviendo. La inacción que presenta Meursault es una forma de resistencia, de preparación para lo que viene. Este pensar le valió el distanciamiento con uno de sus más cercanos amigos: Jean Paul Sartre, a quien también se le otorgó el Premio Nobel de Literatura, sin embargo, lo rechazó por considerarlo contra su ideología.
Además, dice, el absurdo es un vacío, un vértigo donde el ser humano cae. En El extranjero se refleja cuando Meursault es hecho preso. Él no espera nada y tampoco hace nada para remediarlo, se limita a recibir su sentencia, misma que no le interesa en absoluto. Parecería una resignación, pero en el fondo es filosofía camusiana, aceptar las circunstancias para continuar. La aceptación, dice Camus, no es un fin, sino un principio, pero más un intermedio.
El extranjero es una obra que estremece por su sinceridad. Adentrarse a estas páginas es conocer un interesante punto de vista sobre la decadencia existencial que atraviesa la humanidad de aquel entonces; sin embargo, también es la incapacidad del actual ser humano de no distinguir sus emociones.
---- De la redacción, Apóstrofe.